COPENHAGUE, la ciudad de la felicidad

Copenhague, era la capital nórdica que más interés tenía por explorar y sin ninguna duda no me defraudo. La ciudad es abarcable para recorrer en tan solo un fin de semana, aunque si quieres ver sus alrededores tendrás que disponer de más tiempo.

Como nuestro vuelo llegaba pronto, disponíamos de muchas horas para recorrerla en nuestro primer día. Es algo que siempre recomendamos, que los vuelos los reserveís a primera hora así tenéis tiempo para disfrutar del destino con calma, sobretodo si no vais a estar muchos días.

Nuestro viaje formaba parte de una ruta mayor por los Fiordos, donde también viajaríamos hasta Oslo y Estocolmo, y en la que habíamos reservados dos días para conocer la ciudad de la Sirenita. Lo bueno que tiene con respecto a otras ciudades es que su tarjeta turística,  la Copenhague Card, además de las imprescindibles Atracciones y Museos, incluye también su red de transporte, con la que puedes desplazarte hasta el aeropuerto.

Nos alojamos en El Bella Sky un moderno y práctico hotel desde el cual en 10 min llegas al Centro histórico, ofrece además las mejores vistas  tanto de Copenhague como de sus cercanías.

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Vistas desde el Hotel Bella Sky

 

La ciudad moderna y hipster con su famosa Sirenita, esconde un encanto único sobretodo en los meses de verano, cuando fluye de gente gracias a las temperaturas estivales que permiten pasear en su renovado y colorido barrio portuario. Los daneses recorren sin prisas con sus bicicletas vintage las callejuelas y senderos, llenando las terrazas y los barcos anclados en los canales, mientras descansan disfrutado de los rayos de sol.

Lo mejor para  situarnos en la ciudad es una pequeña subida a su  Torre Redonda, construida como observatorio en el s. XVII, es una buena manera de ubicarnos y perdernos después, explorando las callejuelas de su barrio latino hasta llegar al puerto de Nyhavn.

En el muelle a menudo repleto de turistas, podemos hacer un recorrido en barco de una hora en varios idiomas con Canals Tours, incluido en su tarjeta turística. Siendo la mejor manera de conocer el entorno y observar desde el agua las vistas de la Opera, la Sirenita o los canales de la isla de Christanshavn.

 

Al finalizar el Tour se puede pasear por el centro neurálgico de Copenhgue La Plaza de Konges Nytorv presidida por la estatua ecuestre de Chirstian V, y terminar de pasear por Nyhavn o Puerto Nuevo, siempre y cuando el tiempo lo permita estará abarrotado de gente, pero no por ello perderá el encanto que le dan sus coloridas casas hanseáticas del S.XVIII. Es la estampa más conocida de la ciudad y siempre que tomes una fotografía será totalmente diferente por las variaciones de  luz que te puedes encontrar a lo largo del día, pero todas  serán igual de hermosas en este pequeño rincón de la ciudad.

 

Continuamos nuestro itinerario por los puntos más emblemáticos, como la Sirenita de Copenhague,  a la que se llega en metro desde Osterport, aunque andando tan solo te llevara 20 minutos, siendo un agradable paseo a través de la Bahía del Báltico. Esta escultura de 1913, es una talla de bronce pequeña, así que no os esperéis que tenga grandes dimensiones, su encanto radica en el entorno y ser símbolo del cuento del escritor danés más importante del país Hans Christian Andersen.

 

Para regresar volver por la ruta interior, atravesando el parque de Kastellet, y recorrer el exterior del Palacio de Amalienborg hasta llegar al puerto. Como ya sera una buena hora para cenar, cruzar la pasarela que comunica con Christianshavn.  Allí encontrareis un antigua fábrica de papel, Paperoen, reconvertida en un mercado multicultural de comida callejera, se puede cenar dentro o fuera del complejo, aunque con buen tiempo a veces es difícil encontrar algún hueco con vistas a Gammel Dok. 

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Podríamos estar sentados toda la tarde disfrutando de la felicidad de las pequeñas cosas, hygge. término utilizado para definir su estilo de vida. Este lugar seria un buen sitio para sentirlo, charlando y tomando una copa de vino mientras observas la puesta del sol.

Pero el tiempo que teníamos en Copenhague era escaso, así que habría que continuar hacia la última parada, El Parque del Tivoli. Y la mejor manera para llegar es recorrer la calle peatonal más larga de Europa, la Calle Stroget hasta el Ayuntamiento, haciendo un alto sobretodo por las vistas que se contemplan  desde su torre.

 

El Parque del Tivoli se encuentra muy cerca de la Estación Central, fundado en 1843 el recinto sirvió de inspiración a Walt Disney, y además de las típicas atracciones encontramos cafés de estilo oriental, siendo uno de los lugares preferidos por los turistas y familias para disfrutar de su tiempo libre.

 

 

El segundo día en la ciudad puedes perderte por sus Castillos y Museos, en una jornada no puedes recorrerlos todos, pero si hacer una selección de los más interesantes.

La ciudad nos amaneció con una fina lluvia, así que nada como hacer la  primera parada en El Castillo de Rosenborg, en el barrio de Norreport. De pequeñas proporciones este palacio almacena las colecciones reales y las joyas de la corona danesa en el sótano, por lo que es una visita obligatoria para los turistas, junto con  su jardín aledaño uno de los más bellos de la ciudad.

 

Después nos encaminamos al majestuoso Palacio de Amalienborg actual residencia de la familia real, y diseñado por Nicolai Eigtved. Se trata de un complejo de cuatro Palacios de estilo Rococó, formado por el Palacio de Cristián VII, Palacio Cristián VIII, Palacio Federico VIII y el Palacio de Cristián IX, todos entorno a una plaza octogonal,. Podemos visitar el Museo de Amalienborg y la Iglesia Marmorkirken, cuya cúpula nos recuerda a la del Vaticano.

 

Durante el día teníamos que elegir entre los numerosos museos que hay en la ciudad, y decidimos conocer el Carlsberg Glyptotek, sobretodo por la gran tradición escultórica existente en Escandinavia. Inaugurado en 1906 el edificio acoge una colección que abarca desde importantes obras griegas hasta esculturas del siglo XIX. Este bello museo es fruto de la donación del heredero del Imperio cervecero Carlsberg un gran amante del arte, destacando en su interior el jardín de invierno que acoge un coqueto café para descansar, siendo un espacio que funciona como distribuidor de las salas y para finalizar la visita no perderse  el mirador de la  azotea.

Para salir de los circuitos turísticos decidimos coger un bus gratuito que sale del  centro y que te lleva en media hora hasta la Fábrica de Carlsberg. La visita esta incluida en  la Copenanhague card. Siendo un recorrido muy divertido a través de la historia de la famosa  cerveza fundada por Jacob Jacobsen en 1847, y que expone la mayor colección de botellas del mundo. Después de una visita con audioguía durante una hora  finalizamos el circuito con una cata en su tienda-museo y con unos souvenirs incluidos ambos en la entrada.

Volvimos paseando al metro y nos encaminamos hacia el Museo Cisterna de Arte Moderno, muy cerca del Zoológico de Copenahgue. Es un museo situado en un parque, poco frecuentado por turistas y que entra dentro de la tarjeta turística.

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A última hora de la tarde queríamos conocer el barrio más hippie y curioso de Copenhague, que se encuentra en la isla de Christianshavn. En esta zona conocida como la pequeña Amsterdam, se sitúa  desde la década de los setenta la Ciudad libre de Cristiania, estableciéndose  como una comunidad de vecinos que en la actualidad llegan a 1000 habitantes fuera del gobierno danés. Su vida  gira entorno a la calle Pusher Street, donde se vende marihuana libremente, en general nos pareció un lugar singular y tranquilo en medio de la ciudad. Sobretodo para una breve visita que te llevará por un lago entre viviendas levantadas con materiales reciclados y donde al finalizar el recorrido un cartel dice” Estas entrando en la Comunidad Europea”.

Nuestros dos días en la sorprendente Copenhague, donde por primera vez las bicis superan en número al de los coches, llegan a su fin. Es un destino recomendable para un Fin de Semana, porque aquí la vida transcurre disfrutando de pequeñas cosas, y si eres un amante de este medio de dos ruedas, solo necesitas una bicicleta y  pedalear  por los innumerables kilómetros de carril bici que recorren la capital .Y entonces, quién sabe si la próxima vez, para quedarte a pedalear para siempre.

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