CANADA. Costa Este entre amigos.

El vuelo nocturno de Calgary llegó puntual al aeropuerto de Montreal, continuamos nuestro periplo ahora en la Costa Este, dejando atrás las imágenes de los parques naturales de Cánada para embarcarnos en la siguiente aventura. A ella se nos unieron nuestros amigos Miguel Angel, Lydia, Marcos y Dani, para recorrer en coche durante una semana las principales ciudades de la Costa Este.

Comenzamos nuestra ruta por la francófona Montreal en la provincia de Quebec, que se encuentra bañada por el río San Lorenzo y acoge durante el mes de julio uno de los principales festivales de jazz.

Llegamos a primera hora de la mañana, y tan solo con tiempo de dejar las maletas nos pusimos a explorar sus calles. De este modo nos adaptariamos al cambio horario, dado que de una Costa a otra existen hasta cuatro horas de diferencia.

El Novotel de Montreal se encontraba en la zona financiera, y eso nos permitió la facilidad de movernos a pie hasta su centro histórico. Recorrimos durante la mañana las principales avenidas y arterias, y contemplamos durante el paseo hasta el Viejo Puerto, La Catedral de Marie-Reine-Du-Munde, La Basilica de San Patricks, y sobretodo las Catedral de Notre Dame, visita imprescindible en cualquier ruta turística como telón de fondo de la Plaza de las Armas.

Dejamos atrás el viejo Montreal para volver a última hora de la tarde, cuando la ciudad guarda un encanto especial gracias a su ambiente nocturno. Y nos encaminamos a la zona Olímpica, el trayecto es bastante grande y si tienes poco tiempo como nosotros, el metro es la manera más rápida y barata de llegar a los lugares que están más alejados. La Ciudad Subterránea, nombre como se conoce al metro de la City, debido al descenso térmico que tiene lugar en el invierno, comunica todas las instalaciones propias de una ciudad por el subsuelo, desde servicios públicos a hoteles, bancos y centros comerciales sin necesidad de salir a la superficie.

Montreal acogió los Juegos Olímpicos en el verano de 1976, era nuestra tercera ciudad olímpica de nuestro viaje, y de las instalaciones levantadas para tal evento, hoy en día se conserva el velódromo, ahora reformado en el museo Biodome de Ciencias, cuya entrada se puede combinar con la visita al Jardín Botánico.

Pero lo más llamativo del conjunto es su Estadio Olímpico, donde se erige la torre inclinada más grande del mundo, y que en pocos minutos nos llevará hasta el mirador de su estructura, mostrando unas vistas increíbles de toda la zona olímpica.

Sin embargo más tarde, gracias al metro llegamos al Parque Jean Drapeau, que se extiende a lo largo de las islas de Santa Helena y  Notre-Dame. En la primera nos encontramos con un Parque de Atracciones, varios senderos y lo más fotografiado, la cúpula de la  Biophere. Y en la otra isla se asienta el conocido circuito de Fórmula Uno Gilles Villeneuve, que podemos recorrer porque  se trata de un recinto urbano.

Después de patear estas áreas más alejadas regresamos al Old Port, donde es posible coger un ferry para navegar por el río San Lorenzo y se levanta la torre del reloj que muestra  unas buenas vistas de toda la zona portuaria.

Y para nuestras últimas horas nada como transitar por la animada Plaza Jacques Cartier, rodeada de terrazas desde donde parte la bella Rue St-Paul, la calle con los pubs y bares más modernos de toda la ciudad. Esta estrecha vía sorprende sobretodo por su vida nocturna ya que a lo largo de toda ella, aparecen uno tras otro los pubs y restaurantes más chic de toda la ciudad. De esta forma se trata de una visita imprescindible al caer la noche, donde se puede disfrutar una cena con música en directo, siendo ésta  la mejor manera de terminar un día en el viejo Montreal.

El domingo  nuestro segundo día, lo dejamos para visitar el barrio de Mont Royal, de donde proviene el nombre de la ciudad. El distrito que se levanta sobre un pequeño promontorio, destaca por la cúpula del Oratorio de San José construido en 1967, es la mayor iglesia de todo Canadá rodeada de zonas verdes, en la que muchos de sus habitantes aprovechan para hacer picnic y diferentes deportes al aire libre. Nosotros tras varios transportes como metro y bus, llegamos para despedirnos de la ciudad hasta el mirador Kondiaronk, siempre lleno de turistas para contemplar el skyline de la ciudad.

Después de disfrutar de las vistas y comer, salimos de la ciudad para comenzar nuestro road trip en dirección a Quebec, la ciudad más Europea de Canadá, donde visitamos por la tarde las cataratas de Montmorency Falls. 

Dejamos el coche en el parking, y nos pusimos a explorar las cataratas, aunque también tienes la opción de dejarlo gratis en las inmediaciones del parque. Estas cascadas se encuentran en la desembocadura del río Montmorency, a 12 kms de Quebec y reciben durante todo el año a muchos visitantes. Además durante  los meses de invierno  son también magníficas, ya que llegan a congelarse obteniendo una estampa completamente diferente, incluso son más altas que las de Niágara con 80 metros de altura, 30 más que las fronterizas americanas.

Las Montmorency Falls se recorren sobre un sendero circular que se eleva sobre la cascada mediante un puente colgante, además durante el recorrido unas escaleras facilita el descenso hasta la parte inferior del salto de agua.

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Nuestro primer contacto con Quebec fue un paseo nocturno hasta la parte alta de la Ciudad Vieja, y con solo un vistazo se comprueba que no tiene nada que ver con otras ciudades de Canadá. Se asemeja a pasear por cualquier casco antiguo de Europa, con calles empedradas y terrazas llenas de gente disfrutando de las noches de verano en sus pequeños bistros.

Al día siguiente, nos acercamos a primera hora de la mañana a las fortificaciones de Quebec, y recorrimos su Parque de Artillería,  llegando a tiempo para ver el cambio de guardia que tiene lugar todos los días a las 10:00 de la mañana  en los meses de verano. Allí se pueden visitar la Citadelle, la fortificación en forma de estrella más grande de norteamericana, y a pocos minutos uno puede perderse entre sus callejuelas del barrio latino, donde emergiendo sobre el resto de los edificios aparece el majestuoso Hotel Le Chateau Frontenac símbolo de la ciudad y como muchos otros, construído por la Canadian Pacific Railway. Todos los turistas buscan la fotografía con la fachada del castillo detrás, aunque a nosotros nos sirvió de refugio horas más tarde cuando una gran tormenta cerró el cielo y nos obligó a cancelar la visita de la tarde. Ésto nos permitió descubrir que el interior del hotel es también maravilloso, cuidando el más mínimo detalle como su elegante hall, donde actores vestidos del siglo XIX hacen las delicias de los turistas posando para sus fotografías.

Seguimos nuestra ruta por las inmediaciones visitando la Basílica de Notre Dame y la Catedral de The Holy Trinity.

Y después de sacar unas instantáneas como telón de fondo de la Ciudad  Baja de Quebec, descendimos por La Rue Petit-Champlain, la calle más representativa de la Ciudad Vieja, junto con la Plaza Royale y la Iglesia de Notre-Dame de la Victoria nos perdimos entre sus puestos artesanales, donde venden desde jarabe de arce hasta, juguetes, cerámica, y multitud de artículos que hacen que los turistas disfruten entre sus callejuelas durante horas.

A la mañana siguiente nuestra ruta nos llevaba hasta la capital del país, Ottawa. Ciudad que se encuentra entre la provincia de Quebec y Ontario, separadas ambas por el río Ottawa. Pero antes de abandonar Quebec se puede hacer una visita a la Basilica Sant Anne de Beaupre que se encuentra a pocos kilometros, pero como nuestro día coincidía con la fiesta de la patrona, decidimos descartarlo debido a la cantidad de gente que se reuniría en la iglesia, ya que ésto nos impediría llegar temprano a la ciudad de Ottawa.

Pero antes de llegar a la capital, habíamos decidido hacer un alto en el Parque Omega, en la route 399 de Montebello. Un lugar donde puedes ver diferentes hábitats como el bosque, la pradera, la montaña y los animales canadienses que en cada lugar viven, desde Ciervo rojo, Wapiti, Coyote, lobo y oso negro. El precio es de 22 dólares y puedes comer en el interior del parque o bien en su restaurante, o incluso hacer un picnic como nosotros en su merendero. Además de comprar unos sandwinches también nos aprovisionamos de zanahorias para alimentar a los animales durante la visita.

El recorrido del parque se realiza en tu propio vehículo, siguiendo la ruta marcada y parando cada poco a fotografiar, por lo que puedes estar dentro desde una hora, hasta pasar toda una mañana o tarde recorriendolo.

A mi me gustó, aunque me esperaba mucho más de los animales que se encuentran en él, así que si prefieres disfrutar más tiempo en Ottawa o Quebec, o ya has visitado este tipo de parques,  la visita puede ser prescindible.

Después de nuestro pequeño safari fotográfico y de perdernos un poco para visitar un precioso hotel de madera construido con la estética tradicional canadiense, llegamos a la vibrante ciudad de Ottawa. Fue la ciudad que más nos sorprendió, pero de ella y de Toronto hablaremos en otro momento para finalizar nuestro road trip canadiense, y despedirnos de este acogedor país.

DSC06566 - copia
Rio Ottawa

Continuará…

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