Las Rocosas Canadienses. De Jasper a Calgary.

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El Parque de las Rocosas Canadienses, Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1984 lo conforman siete parques; El parque Nacional de Banff, El Parque Nacional de Jasper, El Parque Nacional de Yoho y el Parque Nacional de Kootenay, junto con tres provinciales, el de Hamber, el Mte Assiniboines y el Mte Robson.

Esta parte de la ruta sería muy diferente a cualquier viaje realizado hasta entonces. Lo más parecido que recuerdo son los dos días que pasamos en el Parque Nacional de Yosemite  en el Road Trip por Estados Unidos. Donde pasamos unos días increíbles muy distintos del resto de lo visitado hasta entonces.

El pueblo de Jasper vive de los turistas que cada año toman la villa como punto de partida para visitar el Parque natural. La población no es muy destacable, simplemente se trata de un conjunto de hoteles y restaurantes a lo largo de una calle principal.

Madrugamos porque el día iba a ser el más duro de todo el viaje, teníamos que ver demasiadas cosas antes de que se pusiera el sol. Lo ideal es quedarse por lo menos dos noches en Jasper para subir al Tramway, teleférico donde se admiran las impresionantes vistas del campo de hielo, y visitar sus principales lagos, el Patricia, el Pyramid, el Medicine y el Maligne. Estas visitas tuvimos que descartarlas por falta de tiempo ya que todas juntas llevaría un día completo, pero lo que no dejamos de explorar fue el Cañón Maligne, quizá lo más visitado de la zona.

El Cañón Maligne es un paraje natural que tiene varios trekkings que salen del aparcamiento Maligne. Se trata de sola ruta señalizada circular acortada según la dificultad y el tiempo de caminata, y mientras la recorres atraviesas los diferentes puentes que cruzan el río Maligne, la ruta más larga te llevará hasta el último de los puentes.

Merece la pena el madrugón para verlo tranquilamente sin visitantes, y recomendamos hacer la senda en verano, pero no menos interesante debe ser realizarla en invierno cuando el agua del río se congela y las paredes del risco ofrecen una estampa de gran belleza. Durante una hora solo escuchamos el ruido del agua mientras aparecía y desaparecía entre las rocas kársticas del bosque.

Antes de partir hacia Jasper nos aprovisionamos de comida, ya que existen muy  pocos puntos donde parar hasta llegar a Banff, a excepción del Icefield Centre.

El tramo de 230 kms entre Jasper y Banff fue realizado en la época de la Gran Depresión para dar trabajo y terminado en el año 1940. Llamada la Carretera de los Campos de Hielo o Highway 93, fue descrita por el explorador Tom Wilson “Nunca, en todas mis exploraciones de estas cinco cadenas de montañas a lo largo de Canadá occidental, había una escena igual…Me sentí insignificante en cuerpo, pero glorificado en espíritu y alma”. Describir la Icefields Parkway es muy complicado, pero no es ninguna exageración decir que se trata de la carretera con los paisajes más bellos del mundo, desde glaciares, bosques subalpinos y fauna en libertad, en cada curva del camino piensas que ya no puedes asombrarte más, y entonces aparece una escena aún más increíble.

Las Athabasca Falls fue nuestra primera parada en la Highway 93 a 30 kms de Jasper, en sus inmediaciones existe un aparcamiento y una zona de picnic. Las aguas de sus cataratas provienen del deshielo del río Athabasca, siendo más impresionante su torrente en los meses estivales, ya que en invierno se congela como la mayoría de los saltos de agua.

En las Rocosas el tiempo pasa volando y la visita a las Athabasca Falls puede durar desde media hora hasta a una hora, dependiendo de las paradas que hagas en los distintos puntos del camino.

Continuamos tranquilamente por la Hightway 93 parando para un tener un recuerdo fotográfico, cuando la sorpresa apareció en forma de oso en medio de la carretera. Imaginaba que encontrarse con un oso era algo que solo se anunciaba en las guías de viaje para llamar la atención de los turistas, y que la única forma de verlo sería a primera hora del día en medio del bosque. Pero no fue una fantasía, sino una experiencia real e imborrable, un oso negro caminaba plácidamente por el camino y eso nada lo superaría. Habíamos visto la imagen del día y seguramente la del todo el viaje.

Después de la sorpresa llegamos a las siguientes caídas en el camino hacia el Icefield Center. Las cascadas llamadas Sunwapta que significan “aguas turbulentas” son un poco menos espectaculares que las anteriores pero también magníficas. En veinte minutos puedes ver las cascadas inferiores y las superiores en un corto paseo.

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Llegamos más tarde de lo previsto al Columbia Icefield Discovery Centre, complejo desde donde salen las excursiones al Glaciar Athabasca y al Skywalk. Todos las excursiones están operadas por la empresa Brewster, que también explota la Góndola de Banff y los cruceros del lago Maligne y Minnekanwa. Por lo que si tienes pensado hacer todas las visitas merece la pena sacar un ticket combinado (150 CAD) de las cuatro entradas, donde eliges entre los dos cruceros y puedes ahorrar mucho más que haciéndolo por separado. El combo y las entradas se pueden reservar tanto en la página web como en el Icefield Centre, siendo válidas durante todo un año.

El Último Explorador es la experiencia de llegar al glaciar Athabasca mediante un todoterreno, y percibir su grandiosidad a través del llamado Explorador de hielo. Se trata de un vehículo adaptado para estas condiciones, donde el conductor te narra la historia y recorre la superficie del glaciar. Después te dejará en una zona visitable para caminar sobre el hielo, en la que deberemos tener precaución con la nieve más blanda para no hundirnos.

También es posible llegar caminando al glaciar contratando un guía sin hacer la excursión, o por libre, donde accedes a la zona donde comienza el hielo y que se encuentra ahora bastante deteriorada, ya que en los últimos años la masa de hielo  ha retrocedido varios metros.

Cuando bajas del todoterreno regresas al autobús que cada doce minutos sale para el Skywalk. La nueva pasarela transparente se levanta sobre un acantilado a 280 metros sobre el valle de Sunwapta en las Rocosas Canadienses.

El Skywalk me sorprendió bastante, no sospechaba que sería tan emocionante caminar por la estructura de cristal para admirar las montañas nevadas y conocer los ecosistemas en el aula didáctica. Ambas visitas tanto el Explorador como el Skywalk son recomendables, aunque aquellas personas que tienen vértigo deberían pensárselo varias veces antes de pasear por su superficie transparente.

Para haceros una idea de lo que se tarda en hacer las dos atracciones del glaciar. Nosotros llegamos a la 13:00 al Icefield Centre con entradas, y hasta las 15:45 no salió nuestro Explorador, volviendo a las 18:00 al punto de partida para recoger el coche.

Creímos que después del Icefield Centre hasta llegar a Banff, los paisajes por la carretera Highway 93 no serían tan impactantes como los que habíamos visto anteriormente. Pero nada más alejado de la realidad, la sucesión de valles y montañas eran impresionantes. Nuestra última parada sería en el Lago Peyto, después del aparcamiento un camino de cinco minutos conduce al mirador del lago, y en la soledad de su cima nos quedamos sin palabras mientras admiramos el profundo color turquesa de sus aguas. Con esta última imagen llegamos al hotel de Banff, El Tunnel Mountain Resort, afirmando que efectivamente habíamos estado  en la carretera más bella del mundo.

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La ciudad de Banff fue centro turístico ya desde el siglo XIX con la llegada del ferrocarril y con el descubrimiento de sus aguas termales. Pero fue con la denominación de Parque Natural cuando la población aumentó convirtiéndose en punto neurálgico para visitar  sus lagos y estaciones de esquí.

Para aprovechar mejor el día decidimos hacer un picnic en los lagos, por lo que antes de comenzar nuestra ruta  nos aprovisionamos de comida para disfrutar del Parque Natural de Banff.

Nuestra primera parada fue el Lago Louise a 58 kms de la ciudad de Banff, es una de las estampas más clásicas de las Rocosas y por lo que muchos visitantes se desplazan cada año hasta aquí. Siendo un lago cuyas aguas provienen del glaciar Victoria, fue llamado así en honor a la cuarta hija de la reina Victoria, Luisa Carolina, y en él se levanta uno de los famosos hoteles Fairmont. El Chateau Lake Louise fue construido por la compañía Canadian Pacific Railway, y por la historia que guardan a lo largo de todo la geografía, merece la pena una visita para observar su arquitectura y elegante diseño.

Dentro del lago Louise existen muchas zonas de parking, aunque en verano suelen llenarse, siempre habrá personal que te facilitara la visita, pero de todas formas, recomiendo ir a primera hora o a última para intentar evitar la masificación.

El lago destaca por el entorno que lo rodea y el brillante color turquesa de sus aguas, producido por la refracción de la luz a causa del polvo de roca depositado en las montañas, formando una imagen idílica. Además en los alrededors se pueden realizar varias actividades, como esquí de fondo en invierno, alquilar una canoa en verano, o realizar varios trekkings que salen desde allí para terminar en el Lake Agnes Tea House donde puedes tomar un té observando su bello paisaje.

A catorce kms del lago Louise se encuentra quizá el más hermoso de todos los lagos del Parque Natural de Banff, el Lago Moraine es de una belleza sublime e inigualable, menos conocido que el anterior, pero en mi opinión con un enclave aún más bello, porque se encuentra en el Valle de los diez Picos. 

El lago Moraine tiene algunas restriciones para el acceso, y a veces la carretera puede estar cortada algunos minutos hasta que el parking se desaloje ya que es bastante pequeño.

Cuando llegas aconsejo subir a un monticulo de piedras justo enfrente del lago, accesible mediante un camino que bordea la loma. Desde la cima puedes conseguir las mejores fotografías del lago y del valle que lo precede. Además siguiendo ese camino puedes hacer varias rutas como el Lago Consolación que está señalizado y otros de diferente dificultad.

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Lago Moraine. P de Banff

Después de estas dos visitas como era todavía pronto decidimos ir a ver el lago Minnewanka. Regresamos a Banff y desde allí tomamos la carretera para el lago, donde realizamos un pequeño crucero de una hora de duración con Minnewanka Lake Cruise.

El lago es artificial formado de la unión de tres lagos y cuando se hizo la presa un pueblo quedó sumergido en sus aguas, por lo que es fácil ver a buceadores explorando por la inmediaciones, además existe la leyenda que en las profundidades habita un extraño animal.

Pero si lo vuestro no es el buceo puedes elegir hacer el crucero, no está mal, sobretodo por las explicaciones que te ofrece el capitán durante la travesía, haciendo el viaje mucho más ameno. O también puedes dar un paseo por los senderos que bordean el lago, aunque hay que hacerlo en grupo y llevar spray antiosos, porque es una zona donde viven muchos osos debido a unas bayas muy codiciadas por ellos.

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Lago Minnewanka. Parque Natural de Banff

Finalizamos un día tan intenso subiendo al teleférico de Banff, desde donde se contempla el pueblo con todo su entorno.

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Partimos hacia la última ciudad de la Costa Oeste, la próspera Calgary enriquecida con el petróleo y sede de los Juegos Olímpicos de invierno de 1988. Es una ciudad que no te fascina en principio, los viajeros la utilizan como punto de enlace para explorar las Rocosas. Pero la ciudad de la Estampida tiene mucho más que ofrecer de lo que sugiere a primera vista. Conocida por acoger la Estampida, el mayor espectáculo de la tierra al aire libre, si la visitas la primera semana de Julio no puedes  dejar de visitarla. Durante diez días la ciudad se transforma, el ambiente vaquero lo impregna todo y puedes disfrutar de los mejores rodeos.

Nosotros cuando llegamos nos dirigimos a la Torre de Calgary (18 CAD) y guardamos el coche en el parking de la misma. Algo muy cómodo porque sales directamente a la taquilla de la torre de observación. La Calgary Tower fue construida como parte de la renovación urbana promoviada en 1968 y desde su mirador se ven los edificios de oficinas del Downtown y en los días despejados las bellas Montañas Rocosas.

Cuando bajamos del mirador paseamos por la city, entorno a la calle Stephen Ave Mall que cierra al tráfico las horas punta, y donde encontramos muchos restaurantes y tiendas, para terminar en la Plaza Olímpic. Después de comer cruzamos el río Bow por el Centre St Bridge hasta una pequeña colina, desde la cuál se tiene una panorámica maravillosa del skyline de Calgary.

Continuamos las últimas horas antes de coger nuestro vuelo a Montreal conociendo como disfrutan de estos días calurosos  sus habitantes. Los parques de la ciudad se llenan de gente como el Prince’s Island, que en el momento de nuestra visita acogía un certamen de música folk.

Al final de la tarde nos dirigimos al aeropuerto para embarcar en vuelo nocturno a la otra Costa y así ganar  un día más para visitar Montreal, pero eso ya será otra historia, porque ahora solo nos invaden los recuerdos de estos días, en un país que acoge al viajero con cariño y que guarda una belleza natural como ningún otro lugar en el que hayamos estado nunca.

Antes de partir ya queríamos volver, porque lo vivido estos días seguramente lo guardaremos en la memoria para el resto de nuestras vidas.

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