De Vancouver a las Rocosas.

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Aterrizamos en Vancouver un Sábado de Julio cansados después de  muchas horas de viaje, pero ilusionados por estos días que teníamos por delante para conocer el segundo país más extenso del mundo.

Como las dos Costas nos parecían igual de atractivas, el dilema era elegir una de ellas. La única solución que vimos fue realizar un viaje de dos semanas por ambas costas y exprimir al máximo los días. Decidido el itinerario, solo quedaba reservar vuelos y hoteles para nuestro fly and drive, en este caso confiamos  en La mirada Viajera Agencia de Viajes de nuestra tierra y conducida por una gran profesional.

Recomendamos comenzar el viaje de la ruta transcanadiense por la Costa Oeste ya que de esta manera realizaremos el vuelo más largo al principio, y aunque la diferencia de hora es grande y estaremos cansados, aguantar hasta la noche y así evitar el jet lag.

Después de recoger el coche que nos acompañaría esa semana por los Parques Naturales de las Rocosas, nos dirigimos al centro del Downtown de Vancouver, donde se encuentra el Hotel Sheraton, un alojamiento con grandes vistas y buena ubicación en el corazón de la península. El coche no es necesario para moverte por la ciudad, pues resulta más cómodo recorrerla caminando, en bicicleta o en cualquier medio de transporte público. De esta manera dejamos el coche en el parking los días que estuvimos alojados en el hotel, hasta que lo utilizamos para desplazarnos al próximo destino del camino.

Nuestro primer contacto con la ciudad sede de los Juegos Olímpicos del 2010, fue caminando hasta Canada Place. Se trata de un edificio multiusos en el puerto de Vancouver que recuerda en su arquitectura a las velas de un barco, no en vano todos los días recalan en sus muelles muchos cruceros. También dentro del edificio se puede experimentar la atracción en 4d Fly Over, un vuelo simulado donde se muestra lo mejor de Canadá.

No necesitamos más que este pequeño paseo para corroborar que esta ciudad no iba a decepcionarnos, las expectativas eran muy grandes, pero aún así las superó con nota. La ciudad más importante de la Columbia Británica no tiene el nombre que otras que marcamos en el mapamundi desde pequeños, ni la historia, ni los monumentos, ni ofrece los  mejores museos del país. Pero la vida que se respira en sus calles, junto con su moderna arquitectura, paisajes y enclaves espectaculares, la hacen competir con cualquier ciudad del mundo.

En nuestras primeras horas en el Pacífico recorrimos el puerto de Coal Harbour con sus hidroaviones, la zona de Gastown,  la parte más antigua de la ciudad, donde destaca su arquitectura y sus calles adoquinadas, y en la que se encuentra uno de los pocos relojes de vapor del mundo. En la misma zona frecuentada por turistas, se levanta la estatua de Gassy Jack en honor al primer residente. Después agotados, volvimos al hotel recorriendo Granville Street, la calle nocturna más animada de Vancouver, que cierra al tráfico muchas noches para disfrutar de sus teatros y locales de copas.

Esa primera noche viendo atardecer desde el puerto, nos envolvió la misma magia que la primera vez que visitamos Estambul, y deseamos que no fuera la última vez que contemplamos aquella estampa.

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Canada Place. Vancouver

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Nuestro segundo día en Canadá lo dedicamos a visitar la ciudad durante toda la jornada. La mejor manera es alquilando una bicicleta cerca de Stanley Park, con la que podemos descubrir tanto el parque, como el resto de sus barrios. Anteriormente si os gustan las alturas subir para tener una visión panorámica desde el mirador cerca del puerto, El Vancouver Lookout (16,25 CA$), seguro que facilitará la visita de la ciudad.

Gracias a todos los carriles bicis existentes en Vancouver pudimos recorrerla en su conjunto. Especialmente agradable y con multitud de puntos de interés, es el paseo que bordea toda la península, nosotros lo disfrutamos desde Harbour Green Park hasta la Isla de Granville Island, pero la ruta continua muchos kilómetros más allá por la Costa.

Durante el recorrido puedes disfrutar del Parque Stanley Park seguramente lo más visitado de la ciudad, donde se ubica el Aquario de Vancouver, los nueve totems y el Faro de Brockton Point; junto con dos playas, las de Third Beach y Second Beach y además de la Reserva Natural de Lost Lagoon.   

Continuamos el agradable paseo por la Playa de English Bay y el Sanset Beach Park donde merece la pena parar para sacar unas instantáneas del Puente Granville, y la marina de  False Greek.

En pocos minutos llegaremos al elegante barrio de Yaletown, hoy en día un barrio de almacenes restaurados que fue termino de la Canadian Pacific Railway, donde se encuentra el parque David Lam un descanso para las tardes de verano. Muchos de los edificios de la zona del False Greek fueron construidos para la Exposición Universal de 1986, como el BC Place Stadium un estadio multiusos,  y el Sciencie World un centro de exposiciones.

Atravesando una bella zona residencial se llega a la curiosa Isla de Granville. Además de albergar un mercado y una zona de esparcimiento para los niños, destaca por ser un reducto comercial de artistas y artesanos, en donde muestran sus propios productos mientras trabajan, abundando los objetos procedentes del reciclaje.

 

Más tarde hay que deshacer el camino y atravesar el centro por el viejo barrio chino. Y si además  lo que quieres es una buena comida asiática y observar un ejemplo de jardín Oriental, como el jardín del Dr. Sun Yat-Set, no puedes olvidar conocer  esta parte del viejo Vancouver.

Dejamos las bicis en Coal Harbour y desde allí mismo, reservado previamente con Viator (85 euros), realizamos el vuelo  panorámico en hidroavión por la ciudad y alrededores. Me parece una experiencia única que ofrecen muy pocas ciudades, además el precio es barato si lo comparamos con el resto de entradas del país.

Pelo si lo tuyo no son los aviones, otra opción muy popular en invierno para esquiar y en verano para observar el paisaje, es subir hasta El Monte Grouse en funicular, donde existen muchas actividades para pasar el día.

Y para finalizar un día tan largo, nada mejor como oír de nuevo el sonido del antiguo reloj de vapor que cada quince minutos podemos escuchar en Gastown, y recorrer sus calles por ultima vez donde abundan galerías de arte y clubs nocturnos.

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Antes de dejar la Costa del Pacífico teníamos que visitar el Puente Colgante de Capilano, el más largo del mundo y la atracción más conocida de la ciudad. Se debe madrugar para disfrutar del parque sin gente y en nuestro caso debido a los kilómetros que nos aguardaban en la carretera. No es una entrada barata (39,95 CA$) además hay que sumar el parking, pero puedes observar el bosque que rodea la ciudad junto con el Cañón Capilano, y la experiencia del corrido por las copas de los árboles es diferente e interesante.

Si no quieres pagar tanto, existe otro parque llamado Lynn Canyon, que incluye también un puente colgante y cuya entrada es gratuita.

El final de la etapa de hoy lo habíamos establecido en la estación de esquí Sun Peaks, muchos viajeros también optan por la ciudad de Kamloops, como punto de entrada a las Rocosas, pero como ambos pueblos distan bastante de Vancouver, si no sales a primera hora solo existen dos carreteras para llegar al destino. La primera es a través del cañón del río Fraser, cuyo nombre popular es Gells Gate, dado por Simon Fraser quien lo describió como “un lugar donde ningún ser humano debería aventurarse, pues sin duda estas son las puertas del Infierno” y la segunda carretera es la autopista que nos llevará en menos tiempo a nuestro alojamiento, el Sun Peaks Grand Hotel Conference Centre.

La tercera opción para llegar es a través de Whistler, por la carretera llamada Sky to Sea. Pero el trayecto es demasiado largo para llegar hasta Kamloops sin hacer un alto en la Estación de sky y cuna del mountain bike, a la que merece la pena dedicarle unas cuantas horas. Sería una opción ideal si el viaje es de dos semanas por la Costa Oeste de Canadá, pero si solo tienes una semana como nosotros, hay que descartarla.

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Continuamos nuestra aventura canadiense adentrándonos en las rocosas. Partimos pronto, por ser un día con muchos kilómetros por delante desayunamos en ruta. ¡Y madre mía que desayuno! ojalá todos los días fuesen iguales. Pedimos un desayuno light y casi explotamos, menos mal que necesitaríamos fuerzas para el resto de la jornada. La cafetería, que se llamaba Station House en la localidad de Barrière, estaba reformada manteniendo una cuidada decoración años 50.

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Nuestra primera parada fue el Parque Wells Gray, tardamos un poco en encontrar las primeras cascadas, preguntamos en el pueblo de Clearwater el desvío al parque. Tampoco estábamos convencidos de que fuera una buena idea la visita, porque suponía llegar muy tarde a Jasper. Pero cuando nuestros ojos descubrieron las primeras cascadas de Sphats Falls, siendo las menos impresionantes, decidimos que no podíamos dejar de visitarlas.

En el Wells Gray visitamos Sphats Falls, Dawson Falls y Helmchken Falls, terminando en el lago Clearwater. Un descubrimiento en un enclave salvaje que no teníamos como la visita más importante del día, pero sin duda fue la mejor. Merece la pena dedicar más tiempo a este parque, pero de todas formas, llegas en coche prácticamente hasta el pie de las cascadas, por lo que resulta muy cómoda la visita.

Después de la satisfactoria visita por el parque pusimos rumbo a Blue River, una atracción donde casi te aseguran el avistamiento de osos. Se trata de un safari por el río o en jeep durante casi dos horas, donde puedes escoger entre ambas modalidades. Nosotros elegimos la opción del safari por el río, y sinceramente me decepcionó porque las expectativas eran altas, aunque llegamos a ver hasta tres osos. Ya que si lo comparamos con otras actividades del parque resulta bastante caro (85,70 CA$), no obstante nuestro guía fue muy atento y el tour está muy bien organizado, puesto que salen grupos cada cuarto de hora y además no es necesario reservar.

El Parque de las Rocosas Canadienses, Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1984 lo conforman siete parques; El parque Nacional de Banff, El Parque Nacional de Jasper, El Parque Nacional de Yoho y el Parque Nacional de Kootenay, junto con tres provinciales, el de Hamber, el Mte Assiniboines y el Mte Robson.

Esta parte de la ruta sería muy diferente a cualquier viaje realizado hasta entonces. Lo más parecido que recuerdo son los dos días que pasamos en el Parque Nacional de Yosemite  en el Road Trip por Estados Unidos. Aquellos días me fascinaron sorprendentemente, y ahora la aventura comenzaba en la carretera, mientras nos adentrabamos en la provincia de Alberta, con el imponente Monte Robson a nuestros pies y la primera sorpresa del parque en forma de Elk.

Entramos a Jasper National Park con las últimas luces, mientras parábamos para sacar unas cuantas fotos antes de que anocheciera. Cuando accedes a Jasper por carretera hay un control para los coches, donde te ofrecen un mapa del parque y pagas por los días que vas a permanecer tanto en el parque de Banff, como en el de Jasper.

Llegamos al pueblo de Jasper muy tarde por lo que casi nos quedamos sin cenar, hay que tener en cuenta que se cambia la hora cuando entras en el Estado de Alberta. El pueblo vive de los turistas que cada año toman la villa como punto de partida para visitar el Parque natural. La población no es muy destacable, simplemente se trata de un conjunto de hoteles y restaurantes a lo largo de una calle principal, donde se ubicaba El Tonquin Inn nuestro alojamiento en Jasper. Como la mayoría de los hoteles de la zona tenía un aspecto decadente, si lo comparamos con la oferta del resto de las ciudades de Canadá, pero para una noche lo importante era su perfecta situación en nuestra ruta y eso lo cumplía ampliamente.

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Madrugamos porque el día iba a ser el más duro de todo el viaje, teníamos que ver demasiadas cosas antes de que se pusiera el sol. Lo ideal es quedarse por lo menos dos noches en Jasper para subir al Tramway, teleférico donde se admiran las impresionantes vistas del campo de hielo, y visitar sus principales lagos, el Patricia, el Pyramid, el Medicine y el Maligne. Estas visitas tuvimos que descartarlas por falta de tiempo ya que todas juntas llevaría un día completo, pero lo que no dejamos de explorar fue el Cañón Maligne, quizá lo más visitado de la zona.

El Cañón Maligne es un paraje natural que tiene varios trekkings que salen del aparcamiento Maligne. Se trata de sola ruta señalizada circular acortada según la dificultad y el tiempo de caminata, y mientras la recorres atraviesas los diferentes puentes que cruzan el río Maligne, la ruta más larga te llevará hasta el último de los puentes.

Merece la pena el madrugón para verlo tranquilamente sin visitantes, y recomendamos hacer la senda en verano, pero no menos interesante debe ser realizarla en invierno cuando el agua del río se congela y las paredes de las rocas ofrecen una estampa de gran belleza. Durante una hora solo escuchamos el ruido del agua mientras aparecía y desaparecía entre las rocas kársticas del bosque.

Antes de partir hacia Jasper nos aprovisionamos de comida, ya que existen muy  pocos puntos donde parar hasta llegar a Banff, a excepción del Icefield Centre.

El tramo de 230 kms entre Jasper y Banff fue realizado en la época de la Gran Depresión para dar trabajo y terminado en el año 1940. Llamada la Carretera de los Campos de Hielo o Highway 93, fue descrita por el explorador Tom Wilson “Nunca, en todas mis exploraciones de estas cinco cadenas de montañas a lo largo de Canadá occidental, había una escena igual…Me sentí insignificante en cuerpo, pero glorificado en espíritu y alma”. Describir la Icefields Parkway es muy complicado, pero no es ninguna exageración decir que se trata de la carretera con los paisajes más bellos del mundo, desde glaciares, bosques subalpinos y fauna en libertad, en cada curva del camino piensas que ya no puedes asombrarte más, y entonces aparece una escena aún más increíble.

Las Athabasca Falls fue nuestra primera parada en la Highway 93 a 30 kms de Jasper, en sus inmediaciones existe un aparcamiento y una zona de picnic. Las aguas de sus cataratas provienen del deshielo del río Athabasca, siendo más impresionante su torrente en los meses estivales, ya que en invierno se congela como la mayoría de los saltos de agua.

En las Rocosas el tiempo pasa volando y la visita a las Athabasca Falls puede durar desde media hora hasta a una hora, dependiendo de las paradas que hagas en los distintos puntos del camino.

Continuamos tranquilamente por la Hightway 93 parando para un tener un recuerdo fotográfico, cuando la sorpresa apareció en forma de oso en medio de la carretera. Imaginaba que encontrarse con un oso era algo que solo se anunciaba en las guías de viaje para llamar la atención de los turistas, y que la única forma de verlo sería a primera hora del día en medio del bosque. Pero no fue una fantasía, sino una experiencia real e imborrable, un oso negro caminaba plácidamente por el camino y eso nada lo superaría. Habíamos visto la imagen del día y seguramente la del todo el viaje.

Después de la sorpresa llegamos a las siguientes caídas en el camino hacia el Icefield Center. Las cascadas llamadas Sunwapta que significan “aguas turbulentas” son un poco menos espectaculares que las anteriores pero también magníficas. En veinte minutos puedes ver las cascadas inferiores y las superiores en un corto paseo.

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Llegamos más tarde de lo previsto al Columbia Icefield Discovery Centre, complejo desde donde salen las excursiones al Glaciar Athabasca y al Skywalk. Todos las excursiones están operadas por la empresa Brewster, que también explota la Góndola de Banff y los cruceros del lago Maligne y Minnekanwa. Por lo que si tienes pensado hacer todas las visitas merece la pena sacar un ticket combinado de las cuatro entradas, donde eliges entre los dos cruceros y puedes ahorrar mucho más que haciéndolo por separado. El combo y las entradas se pueden reservar tanto en la página web como en el Icefield Centre, siendo válidas durante todo un año.

El Último Explorador es la experiencia de llegar al glaciar Athabasca mediante un todoterreno, y percibir su grandiosidad a través del llamado Explorador de hielo. Se trata de un vehículo adaptado para estas condiciones, donde el conductor te narra la historia y recorre la superficie del glaciar. Después te dejará en una zona visitable para caminar sobre el hielo, en la que deberemos tener precaución con la nieve más blanda para no hundirnos.

También es posible llegar caminando al glaciar contratando un guía sin hacer la excursión, o por libre, donde accedes a la zona donde comienza el hielo y que se encuentra ahora bastante deteriorada, ya que en los últimos años la masa de hielo  ha retrocedido varios metros.

Cuando bajas del todoterreno regresas al autobús que cada doce minutos sale para el Skywalk. La nueva pasarela transparente se levanta sobre un acantilado a 280 metros sobre el valle de Sunwapta en las Rocosas Canadienses.

El Skywalk me sorprendió bastante, no sospechaba que sería tan emocionante caminar por la estructura de cristal para admirar las montañas nevadas y conocer los ecosistemas en el aula didáctica. Ambas visitas tanto el Explorador como el Skywalk son recomendables, aunque aquellas personas que tienen vértigo deberían pensárselo varias veces antes de pasear por su superficie transparente.

Para haceros una idea de lo que se tarda en hacer las dos atracciones del glaciar. Nosotros llegamos a la 13:00 al Icefield Centre con entradas, y hasta las 15:45 no salió nuestro Explorador, volviendo a las 18:00 al punto de partida para recoger el coche.

Creímos que después del Icefield Centre hasta llegar a Banff, los paisajes por la carretera Highway 93 no serían tan impactantes como los que habíamos visto anteriormente. Pero nada más alejado de la realidad, la sucesión de valles y montañas eran impresionantes. Nuestra última parada sería en el Lago Peyto, después del aparcamiento un camino de cinco minutos conduce al mirador del lago, y en la soledad de su cima nos quedamos sin palabras mientras admiramos el profundo color turquesa de sus aguas. Con esta última imagen llegamos al hotel de Banff, El Tunnel Mountain Resort, afirmando que efectivamente habíamos estado  en la carretera más bella del mundo.

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La ciudad de Banff fue centro turístico ya desde el siglo XIX con la llegada del ferrocarril y con el descubrimiento de sus aguas termales. Pero fue con la denominación de Parque Natural cuando la población aumentó convirtiéndose en punto neurálgico para visitar  sus lagos y estaciones de esquí.

Para aprovechar mejor el día decidimos hacer un picnic en los lagos, por lo que antes de comenzar nuestra ruta  nos aprovisionamos de comida para disfrutar del Parque Natural de Banff.

Nuestra primera parada fue el Lago Louise a 58 kms de la ciudad de Banff, una de las estampas más clásicas de las Rocosas. Siendo un lago cuyas aguas provienen del glaciar Victoria, fue llamado así en honor a la cuarta hija de la reina Victoria, Luisa Carolina, y en él se levanta uno de los famosos hoteles Fairmont. El Chateau Lake Louise fue construido por la compañía Canadian Pacific Railway, y por la historia que guardan a lo largo de todo la geografía, merece la pena una visita para observar su arquitectura y elegante diseño.

Dentro del lago Louise existen muchas zonas de parking, aunque en verano suelen llenarse, siempre habrá personal que te facilitara la visita, pero de todas formas, recomiendo ir a primera hora o a última para intentar evitar la masificación.

El lago destaca por el entorno que lo rodea y el brillante color turquesa de sus aguas, producido por la refracción de la luz a causa del polvo de roca depositado en las montañas, formando una imagen idílica. Además en los alrededors se pueden realizar varias actividades, como esquí de fondo en invierno, alquilar una canoa en verano, o realizar varios trekkings que salen desde allí para terminar en el Lake Agnes Tea House donde puedes tomar un té observando su bello paisaje.

A 14 kms. del lago Louise se encuentra quizá el más hermoso de todos los lagos del Parque Natural de Banff, el Lago Moraine es de una belleza sublime e inigualable, menos conocido que el anterior, pero en mi opinión con un enclave aún más bello, ya que se encuentra en el Valle de los diez Picos. 

El lago Moraine tiene algunas restriciones para el acceso, y a veces la carretera puede estar cortada por algunos minutos hasta que se desaloje el parking, ya que su aparcamiento es bastante pequeño.

Cuando llegas aconsejo subir a un monticulo de piedras justo enfrente del lago, accesible mediante un camino que lo  bordea. Desde la cima puedes conseguir las mejores fotografías del lago y del valle que lo precede. Además siguiendo ese camino puedes hacer varias rutas como la del Lago Consolación señalizada  y otras de diferente dificultad.

Después de estas dos visitas como era todavía era pronto decidimos ir a

Después de estas dos visitas como era todavía pronto decidimos ir a ver el lago Minnewanka. Regresamos a Banff y desde allí tomamos la carretera para el lago, donde realizamos un pequeño crucero de una hora con Minnewanka Lake Cruise.

El lago es artificial formado de la unión de tres lagos y cuando se hizo la presa un pueblo quedó sumergido en sus aguas, por lo que es fácil ver a buceadores explorando por la inmediaciones, además existe la leyenda que en las profundidades habita un extraño animal, ta

Si lo vuestro no es el buceo puedes elegir hacer el crucero, no está mal, sobretodo por las explicaciones que te da el capitán durante la travesía, haciendo todo mucho más ameno. O también puedes dar un paseo por senderos que bordean el lago, aunque hay que hacerlo en grupo porque es una zona donde viven muchos osos debido a que crecen unas bayas muy codiciadas por ellos y también es muy conveniente llevar spray antiosos.

Y para finalizar un día tan completo y despedirnos del parque, decidimos subir al Teleférico de Banff, última atracción que nos faltaba de las Rocosas. La Góndola sube hasta el Monte Sulphur, con unas vistas impresionantes del pueblo de Banff y de los montes que lo rodean. Imprescindible terminar la visita con esta panorámica de Las Rocky Mountains, en pocas horas ya las echaríamos de menos.

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Partimos hacia la última ciudad de la Costa Oeste, la próspera Calgary enriquecida con el petróleo y sede de los Juegos Olímpicos de invierno en 1978. Es una ciudad que no te fascina en principio, los viajeros la utilizan como punto de enlace para explorar las Rocosas. Pero la ciudad de la estampida tiene mucho más que ofrecer de lo que sugiere a primera vista. Conocida por acoger la estampida, el mayor espectáculo de la tierra al aire libre, si estáis en Julio no podéis  dejar de visitarla. Durante diez  días la ciudad se trasforma, el ambiente vaquero lo impregna todo y puedes disfrutar de un buen rodeo.

Lo primero que hicimos al llegar a la ciudad fue dirigirnos a la Torre de Calgary y utilizar el parking de la propia torre. De todas formas existen muchas zonas para aparcar en el centro, ya que Calgary se estructura  como una ciudad americana, zonas de estacionamiento en el dowtown con torres de oficinas y sus calles principales, y en la periferia las zonas residenciales. 

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