Siempre nos quedará París…

DIA 5

Nuestra estancia en Londres acababa. Nos desplazamos con los maletones a la estación de St. Pancras para coger el Eurostar hacia Paris. Nunca vi un control de equipajes tan fuerte como en esta estación de tren. Normal. Imaginaros que supondría preparar una gorda en el túnel bajo el Canal de la Mancha…

El viaje en tren tarda aproximadamente unas 2 horas y media, y por debajo del mar se están unos 15 minutos.

El tren llega a Paris a la Gare du Nord. Nuestro hotel estaba cerca del Arco del Triunfo y de los Campos Elíseos. La estación estaba algo lejos y era hora punta. Nos montamos en un taxi de los cientos que hay fuera de la estación. Aquí hasta la cola de los taxis es ordenada y bien pensada, para evitar que algún espabilado quiera colarse.

Total, que nos metimos en el taxi y al llegar al hotel nos sorprendió que solo nos cobrase 16€.

Hicimos el check-in y el baño de la habitación tenía una pequeña fuga en el grifo de la bañera. Avisamos a recepción y vino el fontanero. Pues este hombre era de Zamora. Y le echó cuento diciendo que la avería era gorda y nos cambiaron a una habitación superior. Muchas gracias monsieur plombier!!!.

Paris es una ciudad tan bella como enorme. La capital de Francia tiene cientos de rincones y de lugares que hacen que sea inabarcable en una estancia normal. Eso sí, a veces esa belleza se apaga al ver, oír y tratar con los parisinos, que son mayoritariamente engreídos y altivos. Y no es algo que solo diga yo, sino que lo dicen en prácticamente toda Francia. Aunque en una ciudad de casi 10 millones de habitantes, tiene que haber de todo…

Seguimos el ritual de siempre y compramos el abono del metro, esta vez sin sorpresas de tickets extra. Compramos el abono semanal, cuyo precio actualizado lo podéis encontrar aquí.

Te llama la atención desde el primer momento la limpieza del metro y el silencio y respeto que hay dentro de los vagones.

Nos bajamos en la estación de Châtelet y nos dirigimos hacia el Río Sena para cruzar a la Îlle de la Cité. Del otro lado del río, se levanta el enorme edificio de La Conciergerie, y detrás, el Palacio de Justicia y la Sainte Chapelle.

En la isla está la famosísima Catedral de Notre Dame. La verdad es que yo me la imaginaba más grande, pero no más bella. Es realmente bonita. No os voy a descubrir nada nuevo de ella. Hicimos un primer contacto con ella, pues volveríamos para subir a las torres, pero eso sería otro día. En su interior, lo que más me gustó fueron las vidrieras, aunque ningunas como las de la Catedral de León.

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Notre Dame de París

Por el Barrio Latino, nos dirigimos al Panteón pasando por la histórica Universidad de la Sorbona. El Panteón está en una muy bonita plaza y alberga los féretros de personalidades históricas de Francia, como Voltaire, Rousseau, Marie Curie, Victor Hugo…

Panteón

Desde allí fuimos a los Jardines de Luxemburgo, uno de los pocos parques que tiene Paris, que debido a la expansión urbana en siglos anteriores, dejó casi sin espacios verdes a la capital francesa.

Pasear por el Barrio Latino es muy agradable. Nada que ver con los barrios latinos de otras ciudades… Hay rincones muy curiosos y hermosos, como la iglesia de St. Germain-des-Prés.

Cuando empezaba a ponerse el sol, regresamos a la zona del Sena, y la verdad, es que era precioso ver las luces de la ciudad a esta hora del dia. Empezaba a estar claro por qué la llaman la Ciudad de la Luz

Desde el Instituto de Francia, cruzamos el Puente de las Artes. Anteriormente, este puente estaba plagado de candados por la chorradita esa de poner un candado con los nombres de la pareja y tirar la llave al río… Cuantos se habrán arrepentido… Pues en fin, que igual estaba mejor con los candados, porque la pasarela es bastante fea pese a ser el primer puente de hierro de Paris..

Una vez del otro lado del río, nos encontramos en el Carrousel del Louvre, unos jardines con un Arco del Triunfo. Desde aquí, hay una preciosa vista de este Arco, del Obelisco de la Plaza de la Concordia y del Arco del Triunfo conocido y más representativo de la ciudad.

Carrousel del Louvre

Mirando hacia el otro lado, vemos el Palacio donde está el Museo del Louvre, con la en su día polémica pirámide, la cual es imprescindible en el paisaje de la ciudad hoy en día.

Nos acercamos a la Plaza de la Concordia, enorme plaza con un tráfico horrendo y en la que solo cabe destacar el Obelisco egipcio en el centro de la misma y que es el comienzo de uno de las calles más famosas del mundo: la Avenida de Los Campos Elíseos.

DIA 6

Madrugamos y volvimos a la Îlle de la Cité. Nuestra primera visita era la Sainte Chapelle. Habíamos leído que se formaban colas de espera para entrar y si, era cierto, se formaron pronto. Y por qué? Porque es una autentica maravilla. Es de los lugares más bonitos que podréis ver en Paris. Sorprendente porque pese a su tamaño, su belleza es descomunal. Ni se os ocurra ir a Paris y no ir a esta coqueta capilla. Sería un enorme pecado.

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La magnífica Sainte Chapelle

Nos acercamos a Notre Dame y subimos a las torres para contemplar una vista maravillosa de la ciudad, con la suerte de, además, tener un día esplendido y poder ver la ciudad a nuestros pies. Se sube por el lateral izquierdo según se ve la catedral desde la fachada principal y vale cada Euro que se paga. Fijaros sobre todo en los tejados de Paris. De cuento…

Paris 01
Panorámica de París desde Notre Dame

Desde el Hôtel de Ville o Ayuntamiento, un precioso edificio, callejeamos hasta llegar al Centre Georges Pompidou, en el que lo más destacado es el propio edificio y las escaleras eléctricas panorámicas con unas bonitas vistas de la ciudad. Y ya. La exposición permanente del Centro es un bodrio. Pido perdón a los que os guste, pero nunca entenderé este tipo de “arte” moderno. Nunca.

Seguimos callejeando y en el barrio de Le Marais llegamos a la Place des Vosgues. Simplemente preciosa. De verdad merece la pena acercarse y verla. Desde aquí bajamos hasta la Plaza de la Bastilla, donde solo se puede destacar una gran columna que hay en ella, recordando lo que pasó aquí en 1789.

Cogimos el metro y nos plantamos en Ópera, donde el Palacio Garnier se levanta majestuoso. Muy cerca están las Galerias Lafayette y la hermosa Place Vendôme.

Opera Garnier

Caminamos hasta La Madeleine, que recuerda a un templo griego y donde Bea tuvo un curioso percance con una cremallera.

Bea me tenía reservada una enorme sorpresa para nuestra siguiente visita. Teníamos que coger el metro y bajarnos en Trocadero. Sales de la estación y tras caminar unos metros al lado del Palais de Chaillot, de repente giras hacia la izquierda y tras los jardines de Trocadero, en el Campo de Marte, aparece majestuosa ella, la gran dama de Paris, la Torre Eiffel. Nunca olvidaré esta primera visión de la torre, nunca. Acojonante es corto para expresar lo que se siente cuando te la encuentras así, casi sin esperarla. Pese a que se ve desde casi cualquier rincón de la ciudad, era la primera vez que la podía ver entera, de pies a cabeza. Y hostias!, que bonita es la condenada… Os recomiendo no, os obligo casi a verla así, como yo la vi, como me hicieron verla. Os aseguro que no tiene nada que ver con verla desde otro sitio. Nada…

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Torre Eiffel

Bajamos hasta sus pies para contemplarla mejor, pero sin intención de subir hoy a la cima. Cuando llegamos a una de las patas, vimos que la cola de espera era de menos de media hora, aunque lo normal era que fuese de casi dos horas. No sé por qué era tan poco tiempo, pero aprovechamos y subimos.

Se sube en un ascensor por la pata hasta el primer nivel, al que también se puede subir por escaleras, y luego desde allí, se puede ir al restaurante del segundo nivel o al mirador de la cima, que fue a donde fuimos.

Ahora si que teníamos la ciudad a nuestros pies. Nada había en París por encima de nosotros. Desde aquí se contempla toda la ciudad de una forma muy clara. Con una cámara con buen zoom o con los catalejos que hay, ves casi todo lo que puedes imaginar de París. Conozco a gente que ha ido a París y no ha subido aquí. MAL!!!!, muy mal!!!. Salvo que algún impedimento físico os lo impida, es obligatorio subir aquí. Esta torre fue la que, de hecho, nos ha metido el vicio de subir a las torres/miradores más altos de casi cualquier ciudad a la que vamos.

Bajamos y caminamos por el Campo de Marte hasta Los Inválidos y cruzamos el Sena por el magnífico Pont Alexandre III. Del otro lado del río, están el Grand Palais y el Petit Palais.

Pont Alexandre III

Como aun nos sobraba día, cogimos el metro y fuimos al Museo del Louvre, pero no entramos por la pirámide, pues aquí las colas son muy grandes. El truco es entrar directamente desde el metro. Aceleras mucho y ganas tiempo. Por la pirámide se puede salir y la ves nada más entrar al recibidor y a las taquillas del museo.

Museo del Louvre

El Museo del Louvre, como todos los grandes museos del mundo es para estar uno o dos días enteros en el, pero nosotros, como habíamos hecho en el Metropolitan de NY, escogimos que era lo que más nos interesaba ver e íbamos a tiro fijo, sin obviar nada de lo que nos encontremos de camino.

A mi me chocó encontrarme, porque te la encuentras literalmente al final de un pasillo y una escalera la Victoria de Samotracia.

Y como no, me marcó la Gioconda, la Mona Lisa de Leonardo da Vinci. No por su belleza ni nada de eso, sino porque me recordó a un sello por su tamaño y a una atracción de feria por la cantidad de gente que había en una sala con un falso tabique donde está colgado esto. No le veo sentido a la fama que tiene este cuadro, cuando incluso del mismo autor los hay mucho mejores. Vale que estaba en auge el éxito de Dan BrownEl código Da Vinci”, pero vamos, es una falta de respeto a cuadros de Velázquez, Goya, Zurbarán, Dalí…

Sala de La Gioconda

Pero del museo se encargará de hablar Bea en otra entrada de su Especial Museos…

Nos dio la noche aquí dentro y al salir, ver la pirámide iluminada, presidiendo la plaza, te hace pensar que los mismos que la criticaban debieron de ser los que ensalzaron el “sello” de Da Vinci.

Pirámide del Louvre

Y para finalizar el día, uno de los días más completos de cualquier viaje que hemos hecho, fuimos al Arco del Triunfo, al lado de nuestro hotel, y subimos a ver desde lo alto del mismo, el juego de luces de la Torre Eiffel. Espectacular de nuevo. Que mejor forma de terminar este día tan brutal.

Arco del Triunfo

DIA 7

Para comenzar el día, fuimos a uno de los museos más bonitos en los que hemos estado, el Museo Rodin. Precioso, coqueto y casi escondido de las grandes masas de turistas. Ellos se lo pierden…

Desde aquí, pasando delante de la Asamblea Francesa, llegamos al Museo de Orsay. Otro museo mas que es maravilloso. Dentro de una antigua estación de tren, pese a que hay obras magníficas, lo mejor del museo es el edificio y el uso que se le ha dado. Otro obligatorio más…

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Montmatre desde el Museo de Orsay

Fuimos luego a Pigalle, la zona traviesa de Paris, donde están los cabarets como el Moulin Rouge y multitud de locales nocturnos “de mayores”.

Subiendo desde Clichy, llegamos a Montmatre, donde la atmósfera bohemia, los artistas callejeros, los cantantes en las escaleras que suben al barrio, te hacen olvidarte de todas las chorradas y problemas que nos envuelven cada día. Es curioso ver en medio de una ciudad así, una viña. Y aquí la ves en la parte posterior de la preciosa Basílica del Sacre Coeur.

Sacre Coeur, Montmatre

Desde aquí también hay una preciosa vista de la ciudad solo rota por un pegote de rascacielos que hay en medio de Paris: la Torre Montparnasse.

Al caer la tarde, la mejor hora, fuimos hasta el embarcadero de la Torre Eiffel e hicimos un crucero por el Sena. No os dejéis engañar. Un crucero normal, en uno de los muchos Bateaux Mouche bajo los puentes del Sena es más que suficiente. No se os ocurra hacer un crucero con cena, porque no vale la pena pagar más de 100€ por cabeza por cenar en un barco que, o estás cenando, o estás viendo la ciudad, la cual no se ve como se debe porque la hora no es la mejor. Así que no vayáis de guays porque el crucero con cena es una payasada de aparentones.

DIA 8

Cogimos un tren hacia Versalles. Mirad desde vuestro hotel cual es la mejor combinación para ir a este concurrido lugar, pues al ser tan grande la ciudad, hay multitud de trenes que poder coger.

Cuando llegas a Versalles, lo mejor es comprar los tickets en taquillas que hay antes de llegar al Palacio, pues allí las colas son enooooooooooooooooooormes. Si, con muchas “oes”.

Ahorras mucho tiempo y dinero si compras el ticket combinado de Palacio + Jardines.

El palacio en sí, no está del todo mal. Como todos los palacios, tiene multitud de estancias que sobran en la visita, pero te las tienes que tragar. Es chula la Sala de los Espejos. El resto son normalitas.

Entrada del Palacio de Versalles

Pero lo que no debéis perderos de ninguna manera son los jardines y las fuentes. Pasear por los senderos al lado de los lagos es una pasada. Solo por esto merece la pena venir.

Jardines de Versalles

Después de la comida, volvimos a Paris para pasear por los Campos Elíseos. A ver, si, vale, muchas y muy bonitas tiendas, pero coño, vaya precios… Solo tiene un precio justificado la tienda de helados de Häagen-Dazs.

Para despedirnos de la ciudad, volvimos a Trocadero a ver otro espectáculo de luces de la Torre Eiffel e irnos con el mejor de los recuerdos de la ciudad.

Luces en la Torre Eiffel

DIA 9

Nuestra última mañana en Paris la pasamos en la zona del Louvre y de Notre Dame intentando ver a Quasimodo, pero ni por esas apareció el jorobado ese.

Lo que hicimos fue tomarnos unas crepes en un puesto en una esquina, enfrente de la entrada a las torres de Notre Dame. La de Nutella y la de castaña (marron) espectaculares, aunque las saladas de queso, también son para disfrutarlas…

Una calle de París…

Es curioso que el café propietario del puesto de crepes tiene gatos dentro que se sientan junto a ti sin molestarte y actuando de forma muy pacífica y simpática.

Bea y un amigo francés

A mediodía fuimos para el aeropuerto y volvimos a España tras varios días en dos de las ciudades más visitadas e icónicas del mundo.

La impresión es que son dos ciudades, Londres y París, para vivirlas y disfrutarlas. En Londres nunca te puedes aburrir y en París nunca te dejas de asombrar. No vayáis con viajes organizados. Aquí no. No hace falta y no disfrutareis las ciudades de la forma en la que lo podéis hacer yendo “a tu bola”.

No dudéis en conocerlas, son maravillosas, pero París, es mucho París. Para mí, tras Estambul, la ciudad europea más bonita. Volveremos a las dos, y en París buscaremos un hueco para ir a EuroDisney, pues Disney Tokyo nos abrió los ojos a los parques de atracciones.

NOTAS:

  • Conjunto del viaje: 9/10
  • Hotel: 
    • No me acuerdo cual era..
  • Comida: 6/10
  • Compañía aerea: Air France: 8/10
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2 comentarios sobre “Siempre nos quedará París…

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