Rio de Janeiro. Visto y no visto.

  • Fecha del viaje: Finales de febrero de 2008.
  • Forma de viaje: Libre.

A finales de febrero de 2008, tras más de dos meses de baja por enfermedad, me surgió un viaje de trabajo a Sudamérica.

Me dieron el alta un martes y el jueves estaba camino al aeropuerto para un vuelo de 14 horas a Santiago de Chile. Luego otra hora de vuelo cruzando Los Andes a Mendoza, Argentina, donde comimos un buenísimo churrasco argentino junto a buen vino de la zona.
Tras tres horas de coche, llegamos a San Luis, donde estuvimos 2 días. Rehicimos el camino hasta Mendoza, donde enlazamos tres vuelos: Mendoza-Santiago de Chile, Santiago de Chile-Rio de Janeiro y Rio de Janiero-Belo Horizonte, desde donde nos adentramos en Minas Gerais alrededor de 5 horas en coche hasta llegar a Pompeu, que era nuestro destino.
Tras varios días allí, y terminar nuestro trabajo, teníamos 4 días hasta nuestro vuelo de vuelta, y decidimos aprovechar esos días en Rio de Janeiro.

Sé de antemano que no será de largo mi mejor post y que no mostrará tanto como quisiera pues no fue la típica visita a la ciudad, pero fue lo suficiente como para romper algún típico tópico y ver algunas de las zonas remarcables de la cidade maravilhosa.

Aconsejados por la empresa con la que estuvimos, contratamos un taxista para toda nuestra estancia, que estaría las 24 horas a nuestra disposición. Este paso lo habíamos hecho ya desde Pompeu, por lo que ya estaba esperándonos en el aeropuerto.

Esta forma de conocer países y ciudades es muy buena y aconsejable, pues aparte de económico, conocen mejor que nadie sus ciudades y te llevan sin duda de un lugar a otro.

Para que os hagáis una idea, os comento que 4 días para tres personas fueron unos 250€, incluyendo los traslados al aeropuerto. Y repito a plena disposición las 24 horas del día.

Llegamos al atardecer. Nos alojábamos en el Hotel Royal Rio Palace Copacabana, a una calle de la playa de Copacabana.

Bastante buen hotel con habitaciones amplias y personal muy amable. Y además a 100 metros de la playa más famosa del mundo.

Tras dejar nuestras cosas, fuimos a cenar a un restaurante que nos habían aconsejado, al que volvimos otro día pues es realmente bueno, pese a no ser nada barato: el Porcao de Botafogo. Un restaurante en el que su especialidad era el rodizio, en donde te dan 20 tipos de carne distintas al espeto. Una autentica delicia. Además, tiene cocina internacional, desde sushi hasta pasta, para abrir boca. Una curiosidad: allí te sirven sin descanso hasta agobiar, y ¿por qué? Porque tienes una tarjeta en la mesa que, mientras esté verde, te sirven sin parar, pero si le das la vuelta y la pones roja, te das un respiro o finalizas la comida. Para beber, cerveza y caipirinha, con cachaza de verdad, de la que te puedes beber litros y litros.

En nuestros paseos por Rio, bebimos sobre todo cerveza Skol, una marca que hacía años que no veía y que recordaba a cerveza con gaseosa. Muy suave, fresca y apetecible. Pero hay que probar la cerveza local, como la Brahma. Muy buena también.

Para moverte por Rio, en el que tan pronto estás en una calle con algunos de los apartamentos más caros del mundo como en una favela donde reina el narcotráfico, lo mejor es ir lo más ligero posible. Sin relojes, pulseras, anillos, teléfono móvil y con el dinero justo. La vida normal en la ciudad no es cara salvo que te metas en restaurantes y locales determinados. Nosotros íbamos en pantalón corto, camiseta, havaianas, gorra y la cámara de fotos. Y unos pocos reales en el bolsillo y se acabó. El transporte estaba solucionado con el taxi, y para un gasto un poco mayor, la tarjeta de crédito que dejábamos en una mochila en el coche.

Contrastes de Rio

El tráfico es caótico, comparable al que he visto recientemente en Hanoi. Los semáforos no valen para nada, el primero que toca el claxon pasa.

Llamamos al taxi para ir hasta el Pan de Azúcar. Hasta su cima llega un teleférico. Allí hay un restaurante y se contemplan una buenas vistas, sobre todo de sus playas de la zona de Flamengo y Botafogo. A los pies de Pan de Azucar, hay una tranquila cala llamada Praia Vermelha. Un buen lugar para bañarse y tomar el sol. En esta zona, hay algunas de las casas más caras de Rio, un puerto deportivo y un bonito paseo con vistas a la ciudad.

Pan de Azucar y Praia Vermelha

Después del largo paseo, fuimos al Rio Sul Shopping Center. No lo expondría, pues no es nada más que un Centro Comercial, el más grande de la ciudad, salvo por la curiosidad de deciros que aquí está el Consulado de España en la ciudad.

Comimos de nuevo en el Porcâo. Esta vez tomamos feixoada, otro plato típico de Brasil. Magnífico.

Despues de comer, decidimos bajar la comida por la Playa de Copacabana. Larguísima playa que está dividida por zonas, entre las que están la gay, con una gran bandera arcoíris, la zona para los locales y la recomendada para los extranjeros. Por toda la playa hay chiringuitos, vendedores de artículos de cuero y piedras, zonas para hacer gimnasia, canchas de voleibol, escuelas de futbol, como la del Flamengo.

Y aquí empezamos con el primer típico tópico a desmontar. “Copacabana es de las mejores playas del mundo”. NO. Rematadamente NO. Es de las más famosas sin duda, pero no de las mejores. Es preciosa, con un paseo maravilloso, arena fina y mucho mucho ambiente, pero no es indicada para el baño. Es una playa con corrientes, oleaje y mucha resaca. Es un poco más tranquila, hablando del agua, Ipanema, al otro lado del Fuerte de Copacabana (lado derecho mirando al mar). Pasear por ella es, repito, magnífico, y no debes de dejar de hacerlo nunca. Pero para el baño, o la Praia Vermelha citada anteriormente o las playas en las afueras de la ciudad. Y para mi, una playa es buena cuando puedes hacer todo lo que piensas que puedes hacer en una playa. Y de esas, las mejores las tenemos sin salir de España.

Oleaje en Copacabana

Al día siguiente, llamamos al taxi a primera hora y fuimos a recorrer otra parte de la ciudad. Había amanecido con lluvia pese al calor que hacía, y con muy poca visibilidad. Así que alteramos un poco los planes y nos salió realmente bien.

Pasamos por los Arcos de Lapa, el Teatro Municipal, la Candelaria y fuimos a comer a un restaurante típico recomendado por el taxista.

Después de comer, fuimos a Maracana, del cual hablamos en el post “De estadio en estadio”.

Maracana

El estadio se estaba preparando para acoger, años más tarde, el Mundial de Brasil en 2014 y los Juegos Olímpicos de Rio en 2016.

Más tarde, fuimos por el Sambódromo y entre favelas nos adentramos en el Parque Nacional de Tijuca para subir al Corcovado.

Me habían dicho y había leído que no merecía la pena ir a la estatua del Cristo Redentor, porque es pequeña y decepciona. MENTIRA Y GORDA.

Estatua del Cristo Redentor, Corcovado

Si no subes, te arrepentirás toda la vida. Palabra. La estatua del Cristo, que se ve desde casi toda la ciudad, es una estatua de 38 metros de altura que no te deja indiferente. O te impresiona o te decepciona. Hasta ahí estoy de acuerdo. A mí me impresionó.

Pero por lo que hay que subir aquí, es por las vistas a la ciudad. No encuentro adjetivo para explicarlo. No lo hay. Es una de las vistas más bellas del mundo. No admite discusión. Solo esto, ya paga la visita a Rio de Janeiro.

Panorámica de Rio de Janeiro desde el Corcovado

Tras grabar en nuestras retinas algo que nunca se borrará, volvimos a la ciudad, y cenamos en el restaurante del fantástico Copacabana Palace.

Feixoada y carnes junto a caipirinhas hechas in situ, hicieron una cena fantástica.

La mañana siguiente la pasamos paseando por Copacabana para intentar bajar los excesos gastronómicos. Recorrerla entera lleva un buen rato, y lo hicimos de cabo a rabo. Fuimos hasta el Fuerte de Copacabana, pasamos a Ipanema y volvimos hasta el final, en el Morro de Leme.

Así pasamos la última mañana de Rio. Por la tarde teníamos que volver a tomar un avión, el séptimo en 15 días para volver a España.

En el aeropuerto compré café Pilao, fuerte pero muy bueno, y bombones Garoto, deliciosos. El café va por gustos, pero si compráis los Garoto, acertareis de pleno.

Este viaje lo hice sin mi compañera, por lo que me sentí solo. Pero sé que, en algún momento, volveré con ella y veremos todo lo visto y lo que se nos quedó en el tintero.

NOTAS:

  • Conjunto del viaje: 7/10
  • Hotel: 
    • Hotel Royal Rio Palace Copacabana ****: 7/10. 
  • Comida: 9/10
  • Compañía aéreas:
    • Lan: 10/10 (Fantástica!!!)
    • TAM: 7/10
    • Iberia: 3/10

2 comentarios sobre “Rio de Janeiro. Visto y no visto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s